Mi vivencia con Bankinter fue un verdadero desastre, y lo cuento para que nadie más tenga que pasar por algo similar. Después de meses de gestiones, el banco nos aprobó la hipoteca siendo plenamente consciente de la situación del inmueble, incluida la inspección de edificio pendiente. Todo estaba en regla, cumpliendo cada uno de los requisitos exigidos, y el día señalado para la firma incluso se convocó a los vendedores, que se habían desplazado expresamente desde Andorra. Sin embargo, en el mismísimo momento de firmar, Bankinter optó por retirarse, cancelando de manera unilateral una operación previamente aprobada sin que hubiera surgido ningún motivo nuevo. La consecuencia: la compra se vino abajo, generando un perjuicio enorme a todos los implicados y un daño emocional y económico que nadie puede compensar. No se trata solo de falta de profesionalidad, sino de una quiebra de la buena fe y un desprecio total hacia el cliente. Una entidad que actúa con semejante improvisación y tan poca seriedad demuestra que no garantiza ni seguridad, ni rigor, ni el respeto mínimo que merece quien confía en ella. Bankinter tiene mucho que mejorar como institución financiera. Y lo más grave es que los perjuicios causados por esta actitud irresponsable son incalculables y nadie podrá resarcirlos.