El leasing es una forma de financiación para usar un bien durante un plazo pactado y, al final, decidir si lo compras, lo devuelves o renuevas el contrato si esa opción aparece en el acuerdo.
En España también se llama arrendamiento financiero. La idea práctica es esta: una entidad compra el bien que necesita tu actividad, por ejemplo una furgoneta, maquinaria, equipos informáticos o un local, y te lo cede a cambio de cuotas periódicas. Esas cuotas suelen incluir el coste de uso del bien, los intereses de la financiación y los gastos asociados.
La diferencia frente a un alquiler simple está en la opción de compra. En el leasing, el contrato suele permitir comprar el activo al final pagando un valor residual. Por eso se usa mucho en empresas, autónomos y negocios que quieren financiar activos productivos sin pagar todo el importe al inicio.
No es una solución universal. Antes de firmar conviene comparar el coste total, la TAE cuando proceda, el valor residual, los seguros, las comisiones y la penalización por cancelación anticipada. Si el objetivo es obtener liquidez sin un activo concreto, quizá encaje mejor una línea de crédito o uno de los préstamos para empresas.


