La Ley Concursal española distingue varios tipos de insolvencia:
Insolvencia actual
Es la más evidente. El problema ya está aquí: no puedes pagar tus deudas y ya has incumplido pagos. Indicadores claros son tener embargos activos, impagos de más de 3 meses con Hacienda o la Seguridad Social, o haber empezado a liquidar activos para cubrir deudas.
Si te encuentras en insolvencia actual, tienes un plazo de 2 meses para solicitar el concurso de acreedores desde que conoces tu situación.
Insolvencia inminente
El problema todavía no ha explotado, pero es inevitable. Prevés que en los próximos 3 meses no podrás atender tus obligaciones de pago. Actuar en este momento es mucho mejor estratégicamente: tienes más margen de negociación y el proceso suele ser menos costoso.
Insolvencia provisional
La incapacidad de pago es temporal. Tienes patrimonio suficiente, pero no liquidez inmediata. Con un aplazamiento de pagos o la reunificación de deudas podrías superar la situación.
Insolvencia definitiva
No dispones de activos suficientes para afrontar los pagos ni a corto ni a largo plazo. Es una situación de quiebra real que requiere intervención legal.